quinta-feira, 22 de fevereiro de 2018

O suicídio e a loucura / El suicidio y la locura / Memmortigo kaj frenezeco.

14. A calma e a resignação hauridas da maneira de considerar a vida terrestre e da confiança no futuro dão ao espírito uma serenidade que é o melhor preservativo contra a loucura e o suicídio. Com efeito, é certo que a maioria dos casos de loucura se deve à comoção produzida pelas vicissitudes que o homem não tem a coragem de suportar. Ora, se encarando as coisas deste mundo da maneira por que o Espiritismo faz que ele as considere, o homem recebe com indiferença, mesmo com alegria, os reveses e as decepções que o houveram desesperado noutras circunstâncias, evidente se torna que essa força, que o coloca acima dos acontecimentos, lhe preserva de abalos a razão, os quais, se não fora isso, a conturbariam.
15. O mesmo ocorre com o suicídio. Postos de lado os que se dão em estado de embriaguez e de loucura, aos quais se pode chamar de inconscientes, é incontestável que tem ele sempre por causa um descontentamento, quaisquer que sejam os motivos particulares que se lhe apontem. Ora, aquele que está certo de que só é desventurado por um dia e que melhores serão os dias que hão de vir, enche-se facilmente de paciência. Só se desespera quando nenhum termo divisa para os seus sofrimentos. E que é a vida humana, com relação à eternidade, senão bem menos que um dia? Mas, para o que não crê na eternidade e julga que com a vida tudo se acaba, se os infortúnios e as aflições o acabrunham, unicamente na morte vê uma solução para as suas amarguras. Nada esperando, acha muito natural, muito lógico mesmo, abreviar pelo suicídio as suas misérias.
16. A incredulidade, a simples dúvida sobre o futuro, as ideias materialistas, numa palavra, são os maiores incitantes ao suicídio; ocasionam a covardia moral. Quando homens de ciência, apoiados na autoridade do seu saber, se esforçam por provar aos que os ouvem ou leem que estes nada têm a esperar depois da morte, não estão de fato levando-os a deduzir que, se são desgraçados, coisa melhor não lhes resta senão se matarem? Que lhes poderiam dizer para desviá-los dessa consequência? Que compensação lhes podem oferecer? Que esperança lhes podem dar? Nenhuma, a não ser o nada. Daí se deve concluir que, se o nada é o único remédio heroico, a única perspectiva, mais vale buscá-lo imediatamente e não mais tarde, para sofrer por menos tempo.
A propagação das doutrinas materialistas é, pois, o veneno que inocula a ideia do suicídio na maioria dos que se suicidam, e os que se constituem apóstolos de semelhantes doutrinas assumem tremenda responsabilidade. Com o Espiritismo, tornada impossível a dúvida, muda o aspecto da vida. O crente sabe que a existência se prolonga indefinidamente para lá do túmulo, mas em condições muito diversas; donde a paciência e a resignação que o afastam muito naturalmente de pensar no suicídio; donde, em suma, a coragem moral.
17. O Espiritismo ainda produz, sob esse aspecto, outro resultado igualmente positivo e talvez mais decisivo. Apresenta-nos os próprios suicidas a informar-nos da situação desgraçada em que se encontram e a provar que ninguém viola impunemente a lei de Deus, que proíbe ao homem encurtar a sua vida. Entre os suicidas, alguns há cujos sofrimentos, nem por serem temporários e não eternos, não são menos terríveis e de natureza a fazer refletir os que porventura pensam em daqui sair, antes que Deus o haja ordenado. O espírita tem, assim, vários motivos a contra por à ideia do suicídio: a certeza de uma vida futura, em que, sabe-o ele, será tanto mais ditoso, quanto mais inditoso e resignado haja sido na Terra: a certeza de que, abreviando seus dias, chega, precisamente, a resultado oposto ao que esperava; que se liberta de um mal, para incorrer num mal pior, mais longo e mais terrível; que se engana, imaginando que, com o matar-se, vai mais depressa para o céu; que o suicídio é um obstáculo a que no outro mundo ele se reúna aos que foram objeto de suas afeições e aos quais esperava encontrar; donde a conseqüência de que o suicídio, só lhe trazendo decepções, é contrário aos seus próprios interesses. Por isso mesmo, considerável já é o número dos que têm sido, pelo Espiritismo, obstados de suicidar-se, podendo daí concluir-se que, quando todos os homens forem espíritas, deixará de haver suicídios conscientes. Comparando-se, então, os resultados que as doutrinas materialistas produzem com os que decorrem da Doutrina Espírita, somente do ponto de vista do suicídio, forçoso será reconhecer que, enquanto a lógica das primeiras a ele conduz, a da outra o evita, fato que a experiência confirma.
O Evangelho Segundo o Espiritismo – Allan Kardec.
El suicidio y la locura
14. La calma y la resignación resultantes de la manera de considerar la vida terrestre y de la fe del porvenir, dan al espíritu una serenidad que es el mejor preservativo contra "la locura y el suicidio".
En efecto, es cierto que la mayor parte de los casos de locura son debidos a la conmoción producida por las vicisitudes que el hombre no tiene fuerza para soportar; si, pues, por la manera como el Espiritismo le hace ver las cosas de este mundo, toma con indiferencia, y aun con alegría, los reveses y los desengaños que le hubieran desesperado en otras circunstancias, es evidente que esa fuerza que le coloca por encima de los acontecimientos, preserva su razón de las sacudidas, que sin esto le hubieran quebrantado.
15. Lo mismo sucede con el suicidio; si se exceptúan aquellos que tienen lugar por la embriaguez y por la locura y que pueden llamarse inconvenientes, es cierto que, cualesquiera que sean los motivos particulares, siempre hay por causa el descontento; así, pues, aquél que está cierto de que sólo es desgraciado un día y estará mejor los días siguientes, y los toma con gusto y paciencia; no se desespera sino cuando no ve término a sus sufrimientos. ¿Qué es, pues, la vida humana con respecto a la eternidad, sino mucho menos que un día? Pero para el que no cree en la eternidad, que cree que todo acaba en él con la vida, si se abandona a la melancolía por el infortunio, no ve otro término que la muerte; no esperando nada, encuentra muy natural y aun muy lógico el abreviar sus miserias con el suicidio.
16. La incredulidad, la simple duda acerca del porvenir, las ideas materialistas, en una palabra, son los más grandes excitantes para el suicidio: engendran la "cobardia moral". Y cuando se ven hombres de ciencia apoyarse en la autoridad de su saber para esforzarse en probar a sus oyentes o a sus lectores que nada tienen que esperar después de la muerte, ¿no equivale a conducirles a esta consecuencia, es a saber: que si son desgraciados, nada pueden hacer mejor que matarse? ¿Qué podrían decirles que les desviara de esa idea? ¿Qué compensación pueden ofrecerles? ¿Qué esperanza pueden darles? Nada absolutamente, sino la nada. De donde se sigue, que si la nada es el solo remedio heroico, la sola perspectiva, más vale caer en ella en seguida que más tarde y sufrir de este modo menos tiempo. La propagación de las ideas materialistas es, pues, el veneno que inocula en un gran numero el pensamiento del suicidio, y aquellos que se proclaman sus apóstoles, asumen una grande responsabilidad. No siendo permitida la duda con el Espiritismo, el aspecto de la vida cambia, el creyente sabe que la vida se prolonga indefinidamente más allá de la tumba, pero en diferentes condiciones; de aquí nace la paciencia y la resignación, que naturalmente desvían el pensamiento del suicidio; en una palabra, de aquí viene el "valor moral".
17. El Espiritismo produce aún, bajo este concepto, otro resultado también muy positivo y quizá más concluyente. Nos presenta a los mismos suicidas que vienen a decirnos su desgraciada posición, y a probarnos que nadie viola impunemente la ley de Dios que prohibe al hombre el abreviar su vida. Entre los suicidas los hay cuyos sufrimientos, aunque temporales y no eternos, no son menos terribles, y de tal naturaleza, que hacen reflexionar a cualquiera que intentara irse de la tierra antes que Dios lo disponga. El Espiritismo neutraliza, pues, el pensamiento del suicida, por muchos motivos; por la "certeza" de una vida futura en la que "sabe" que será tanto más feliz cuanto más desgraciado y más resignado haya sido en la tierra por la "certeza" de que abreviando su vida justamente obtiene un resultado enteramente diferente del que esperaba; que ha salido de un mal, para caer en otro peor, más largo y más terrible; que se engaña si se cree que matándose irá más pronto al Cielo; que el suicidio es un obstáculo para reunirse en el otro mundo con los seres de su afecto a quienes esperaba encontrar allí; de donde se sigue la consecuencia de que el suicidio, no prometiendo otra cosa que desengaños, es contra sus propios intereses. Así es que el número de los suicidios evitados por el Espiritismo, es considerable, y se puede asegurar que cuando todos los hombres sean espiritistas no habrá suicidas conscientes. Comparando, pues, los resultados de las doctrinas materialista y espiritista bajo el solo punto de vista del suicídio, hallaremos que la lógica de la una conduce a él, mientras que la lógica de la otra lo evita; lo que es confirmado por la experiencia.
EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO – Allan Kardec.
Memmortigo kaj frenezeco
14. La trankvilo kaj la rezignacio, ĉerpitaj el la maniero rigardi la surteran vivon kaj el la fido je l' estonteco, donas al la Spirito serenecon, kiu estas la plej bona antaŭgardilo kontraŭ la frenezeco kaj la memmortigo.
Efektive, la plimulto el la okazoj de frenezeco certe originas el la afekcio naskita de la suferoj, kiujn la homo ne kuraĝas elteni; nu, se, konsiderante la ĉimondajn aferojn tiel, kiel Spiritismo igas rigardi ilin, li ricevas indiferente, eĉ ĝoje, la malsukcesojn kaj la elreviĝojn, kiuj en aliaj cirkonstancoj lin malesperigus, estas evidente, ke tiu forto, kiu lin lokas super la okazantaĵojn, antaŭgardas lian prudenton kontraŭ batoj, kiuj, alie, ĝin afekcius.
15. La samo pri la memmortigo; se oni esceptas tiujn okazojn, kiuj fariĝas ĉe ebrieco aŭ frenezeco kaj kiujn oni povas nomi senkonsciaj, estas nediskuteble, ke, kiaj ajn estas la apartaj motivoj, ĉiam la kaŭzo estas malkontenteco; nu, kiu havas certecon, ke li estas malfeliĉa nur unu tagon kaj ke bonaj tagoj sekvos, tiu facile akiras paciencon; li malesperas nur, se li ne vidas finon por siaj suferoj. Kio alia efektive estas homa vivo kompare kun la eterno, krom multe malpli ol unu tago? Sed por tiu, kiu ne kredas je l' eterneco, kiu opinias, ke ĉio finiĝas kun la vivo, se lin subpremas ĉagrenoj kaj afliktoj, ĉi tiuj ĉesas nur ĉe la morto; nenion esperante, li trovas tute nature, eĉ tre logike, mallongigi siajn suferojn per memmortigo.
16. La nekredemo, la simpla dubo pri l' estonteco, unuvorte, la materialismaj ideoj, estas la plej grandaj instigantoj al la memmortigo; ili donas la moralan malkuraĝon. Kaj kiam scienculoj, apogante sin sur la aŭtoritato de sia scio, penas pruvi al siaj aŭdantoj aŭ legantoj, ke ĉi tiujn nenio atendas post morto, ĉu ili ne kondukas tiujn al la sekvo, ke, se tiuj personoj estas malfeliĉaj, nenio restas pli bona ol memmortigo? Kion ili povus diri por deturni tiujn homojn de tiu sekvo?
Kian kompenson ili povas prezenti? Kian esperon ili povas promesi? Nenion alian ol la neniiĝon. De tio oni devas konkludi, ke, se la neniiĝo estas la sola heroa rimedo, la sola perspektivo, pli bone estas fali tuj enmĝin, ol poste, por tiel suferi dum tempo malpli longa.
La disvastiĝado de la materialismaj ideoj estas do veneno, kiu inokulas en grandan nombron da homoj la penson pri la memmortigo, kaj la apostoloj de tiuj ideoj prenas sur sin teruran respondecon. Kun Spiritismo la dubo ne estas akceptebla kaj la aspekto de la vivo ŝanĝiĝas; la kredanto scias, ke la vivo daŭras plu senlime post la tombo, sed en kondiĉoj tute aliaj; de tio venas pacienco kaj rezignacio, kiuj tute nature deturnas la penson for de la memmortigo; de tio venas, unuvorte, la morala kuraĝo.
17. Spiritsmo donas ankoraŭ en ĉi tiu rilato alian rezultaton ankaŭ tre pozitivan kaj eble pli decidigan. Ĝi montras al ni la memmortigintojn venantajn mem raporti pri sia malfeliĉa situacio kaj pruvi, ke neniu senpune malobeas la leĝon de Dio, kiu malpermesas al la homo mallongigi sian vivo. Inter la memmortigintoj estas iuj, kies sufero, kvankam ne eterna, tamen ne estas malpli terura kaj estas tia, ke ĝi pri tiu ago igus pripensi iun ajn, kiu havus la tenton foriri de tiu ĉi mondo, antaŭ ol Dio tion ordonis. Spiritisto havas do por kontraŭpezilo al la penso pri memmortigo plurajn motivojn: la certecon pri estonta vivo, en kiu li scias, ke li estos des pli feliĉa, ju pli malfeliĉa kaj rezignaciema li estis sur la tero; la certecon, ke, mallongigante sian vivon, li venos al rezultato ĝuste kontraŭa al tiu, kiun li esperis; ke li liberigas sin de unu malbono, sed enretiĝas en alia pli malbona, pli longa, pli terura; ke li eraras, se li opinias, mortigante sin, iri pli frue en la ĉielon; ke la memmortigo estas malhelpo al tio, ke li kuniĝu en la alia mondo kun la objektoj de sia amo, kiujn li esperis tie retrovi; de ĉio tio venas la sekvo, ke la memmortigo, donante al li nur disreviĝojn, estas kontraŭa al liaj propraj interesoj. Tial la nombro da memmortigoj malebligataj de Spiritismo estas tre granda, kaj el tio oni povas konkludi, ke, kiam ĉiuj estos spiritistoj, ne plu okazos konsciaj memmortigoj. Komparante do la rezultatojn de la doktrinoj materialisma kaj spiritisma el la sola vidpunkto de la memmortigo, oni konstatas, ke la logiko de unu kondukas al la memmortigo, dum la logiko de l' alia deklinas de ĝi, kaj tion la sperto konfirmas.
La Evangelio Laŭ Spiritismo – Allan Kardec.

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