terça-feira, 14 de fevereiro de 2017

Perdónanos nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido" / Forgive us our trespasses, as we forgive them that trespass against us!

 "Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. - Perdónanos nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido".
Cada una de nuestras infracciones a vuestras leyes, Señor, es una ofensa hacia vos, y una deuda contraída que tarde o temprano tendrá que pagarse. Solicitamos la remisión de ellas de vuestra infinita misericordia, y os prometemos hacer los debidos esfuerzos para no contraer nuevas deudas.
Vos habéis hecho una ley expresa de la caridad; pero la caridad no consiste sólo en asistir a su semejante en la necesidad: consiste también en el olvido y en el perdón de las ofensas. ¿Con qué derecho reclamaríamos vuestra indulgencia, si nosotros mismos faltásemos a ella con respecto a aquellos contra quienes tenemos motivos de quejas?
¡Dadnos! ¡Dios mío! la fuerza para ahogar en nuestra alma todo sentimiento, todo odio y rencor; "haced que la muerte no nos sorprenda con un deseo de venganza en el corazón". Si hoy mismo os place el quitarnos la vida, haced que podamos presentarnos a vos puros de toda animosidad, a ejemplo de Cristo, cuyas últimas palabras fueron de clemencia para sus verdugos. (Cap. X).
Las persecuciones que nos hacen sufrir los malos, son parte de nuestras pruebas y debemos aceptarlas sin murmurar, como todas las otras pruebas, y no maldecir a aquéllos que con sus maldades nos facilitan la senda de la felicidad eterna, pues vos nos habéis dicho por boca de Jesús: "¡Felices los que sufren por la justicia!". Bendigamos, pues, la mano que nos hiere y nos humilla, porque las heridas del cuerpo nos fortifican nuestra alma y seremos levantados de nuestra humildad. (Cap. XII, núm. 4).
Bendito sea vuestro nombre, Señor, por habernos enseñado que nuestra suerte no está irrevocablemente fijada después de la muerte, y que encontraremos en otras existencias los medios de rescatar y de reparar nuestras faltas pasadas, cumpliendo en una nueva lo que no podemos hacer en ésta para nuestro adelantamiento. (Cap. IV y V, núm. 5).
Con esto se explican, en fin, todas las anomalías aparentes de la vida, pues es la luz derramada sobre nuestro pasado y nuestro porvenir, la señal resplandeciente de vuestra soberana justicia y de vuestra bondad infinita.
EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO – Allan Kardec.
Forgive us our trespasses, as we forgive them that trespass against us!
Lord, each one of our infractions against Your laws is an offence we commit against You, a debt contracted, which sooner or later will have to be paid. We implore that You forgive us through Your infinite mercy, subject to the promise we make to employ all our strength in not contracting others.
You made charity an express law for everyone; but charity does not only consist of helping our fellow beings in all their needs, but also in the forgetfulness and the forgiving of offences. With what right do we demand your indulgence, if we lack charity towards those who have given us motive for complaint?
Dear Lord, give us the strength to stifle within ourselves all resentment, hate and rancour. Do not let death surprise us with a desire for vengeance in our hearts. If You approve of our being taken from this world today, help us to be able to present ourself to You completely cleansed of animosity, just like Christ, Whose last words were in favour of His tormentors (See chapter 10).
The persecutions which those who are evil inflict upon us constitute part of our earthly tests; we should accept them without complaint, as we should accept all other tests, without cursing those who by their wrongdoing, open up a pathway for us to eternal happiness seeing that You said, through the intermediary of Jesus: "Blessed be those who suffer for the sake of justice!" Consequently, blessed be the hand that injures and humiliates us, as the mortifications of the body strengthen our soul, and we shall then be raised up from our humiliations (See chapter 12, item 4).
Blessed be Your name Lord, because You have taught us that our destiny is not irrevocably fixed after death; we will find in yet other existences, the means by which we may make atonement and repay all our past debts, and be able to realise in a new life, all those things to help our progress that we were unable to do in this one (See chapter 4; chapter 5, item 5).
In this manner all the apparent irregularities of life are finally explained. The light is cast over our past and our future, as a brilliant sign of Your supreme justice and of Your infinite goodness.
THE GOSPEL ACCORDING TO SPIRITISM – Allan Kardec.

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