terça-feira, 8 de novembro de 2016

Sin la preexistencia del alma / Sem a preexistência da alma.

Sin la preexistencia del alma.
37. Si se hace abstracción en el hombre de su espíritu libre, independiente y sobreviviente a la materia, sólo queda de él una máquina organizada, sin responsabilidad y carente de fines, manejada por la ley civil con escaso éxito y apta para la explotación. En resumen: el hombre sería sólo un animal con inteligencia. Si no espera nada después de la muerte, no hay frenos que detenga su pasión por aumentar los goces materiales. Si sufre, no tiene otra perspectiva ni otro refugio que la desesperación y la nada. Mas, si tiene la certeza de un futuro, del reencuentro con los seres amados y el temor de volver a ver a quienes ofendió, todas sus ideas cambian. Aunque el Espiritismo sólo hubiese quitado al hombre sus dudas acerca de la vida futura, ya hubiera hecho más por su adelanto moral que todas las leyes disciplinarias que lo frenan, pero no lo cambian.
38. Sin la preexistencia del alma, la doctrina del pecado original sería inconciliable con la noción de justicia divina, ya que responsabilizaría a todos los hombres por el pecado de uno solo. Carecería, además, de sensatez y justicia si, ateniéndonos a tal doctrina, creyéramos que ese alma no existía en la época en que se cometió la falta, por la cual se pretende responsabilizarla.
Con la preexistencia, sabemos que el hombre trae consigo al renacer el germen de las imperfecciones y defectos que no ha corregido y que se traducen en instintos innatos y tendencias determinadas hacia tal o cual vicio. Allí reside su auténtico pecado original, por el cual sufre naturalmente sus consecuencias, mas, con una diferencia capital, su sufrimiento se origina en errores propios y no en los de un tercero. Además, existe una segunda diferencia que alivia, consuela y trasunta equidad: cada existencia ofrece al hombre los medios para redimirse y reparar, así como para progresar, ya sea liberándose de alguna imperfección o adquiriendo nuevos conocimientos, hasta el momento en que su purificación sea completa y no tenga más necesidad de la vida corporal y pueda vivir entonces la vida de los espíritus, eterna y bienaventurada.
Debido a esa misma razón, quien ha progresado moralmente trae al renacer cualidades naturales, al igual que quien ha progresado intelectualmente posee ideas innatas, se identifica con el bien, lo practica sin esfuerzo, sin cálculo, y, por así decirlo, sin pensar siquiera. En cambio, quien está obligado a combatir sus malos instintos permanece todavía en estado de guerra interno. El primero ya venció, el segundo lucha por vencer. Por consiguiente, hay virtud original, como hay saber original y pecado, o dicho con más propiedad, vicio original.
EL GÉNESIS – Allan Kardec.
Sem a preexistência da alma.
37. Tirai ao homem o espírito livre, independente, sobrevivendo à matéria, e tereis feito dele uma máquina organizada, sem objetivo, sem responsabilidade, sem outro freio que a lei civil e boa para ser explorada como um animal inteligente. Nada esperando depois da morte, nada o impede de aumentar os gozos do presente; se sofre, não tem nenhuma perspectiva a não ser o desespero e o nada como refúgio. Com a certeza do futuro, de reencontrar aqueles a quem amou, o receio de rever aqueles a quem ofendeu, todas as suas idéias mudam. O Espiritismo, embora conseguisse apenas tirar do homem a dúvida com relação à vida futura, teria realizado mais pelo seu progresso moral do que todas as leis disciplinares, que algumas vezes o freiam, mas não o transformam.
38. Sem a preexistência da alma, a doutrina do pecado original não é somente irreconciliável com a justiça de Deus, que tornaria todos os homens responsáveis pela falta de um só: seria um contra-senso e tanto menos justificável pelo fato de que, segundo essa doutrina, a alma não existia na época em que se pretende fazer remontar sua responsabilidade. Com a preexistência, o homem traz, ao renascer, o germe de suas imperfeições, os defeitos que ele não corrigiu e que se traduzem pelos seus instintos naturais, suas propensões a tal ou qual vício. Este é o seu verdadeiro pecado original, do qual sofre naturalmente as conseqüências, mas com a diferença capital de que sofre o castigo de suas próprias faltas e não das faltas alheias; e esta outra diferença, ao mesmo tempo consoladora, encorajante e soberanamente equitativa, de cada existência, lhe oferece os meios de se redimir pela reparação e de progredir, seja se despojando de alguma imperfeição, seja pela aquisição de novos conhecimentos, até que, suficientemente purificado, ele não tem mais necessidade da vida corporal e pode viver exclusivamente da vida espiritual, eterna e bem-aventurada.
Pela mesma razão, aquele que progrediu moralmente traz, ao renascer, qualidades naturais, como o que progrediu intelectualmente traz idéias inatas; está identificado com o bem; pratica-o sem esforço, sem cálculo, por assim dizer, sem pensar. Aquele que é obrigado a combater suas más tendências ainda está na luta: o primeiro já venceu, o segundo procura vencer. Há, portanto, virtude original, como há saber original e pecado, ou melhor, vício original.
A Gênese – Allan Kardec.

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